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La guerra arancelaria internacional y el repunte de brotes de enfermedades ganaderas, como la gripe aviar o la peste porcina africana, han marcado el devenir de la cadena alimentaria española en 2025, un ejercicio en el que el sector también ha seguido condicionado por retos estructurales como el cambio climático, la inflación o la escasez de mano de obra.
El órdago lanzado por Estados Unidos de imponer aranceles a las importaciones europeas, entre ellas las alimentarias, terminó materializándose en un acuerdo que fija una tasa del 15 %, interpretada por el sector como un mal menor frente a escenarios más severos.
En paralelo, la Unión Europea continuó trabajando para equilibrar el comercio internacional, en un contexto marcado por decisiones unilaterales y respuestas escalonadas, mientras el acuerdo con el bloque de Mercosur volvió a sufrir un nuevo retraso en su aprobación definitiva.
Aun así, según los últimos datos del Ministerio de Comercio, las exportaciones agroalimentarias españolas crecieron un 4,4 % hasta octubre de 2025, alcanzando los 62.380 millones de euros.
También en 2025 se cerró la investigación “antidumping” de China al porcino de la UE, considerada una represalia por los aranceles europeos a los vehículos eléctricos. El resultado ha sido la imposición de un arancel del 19,8 % durante cinco años.
El sector porcino se vio sacudido por la reaparición de la peste porcina africana (PPA) en España, una enfermedad conocida y temida que, por el momento, no ha entrado en granjas, pero sí se ha transmitido entre jabalíes en la comarca barcelonesa del Vallès Occidental.
La rápida actuación de las administraciones para contener un brote cuyo origen aún se investiga podría ayudar a limitar el impacto comercial, aunque hasta 40 terceros países han impuesto restricciones a la entrada de derivados del cerdo desde cualquier punto del país, y no solo desde la zona afectada.
Junto a la dermatosis nodular, la viruela ovina y la lengua azul, la gripe aviar ha sido otra de las grandes crisis sanitarias de 2025. Esta enfermedad ha obligado al confinamiento de todas las gallinas criadas al aire libre en España y, a diferencia de la PPA, sí ha afectado a explotaciones, con el último foco detectado hace solo unos días en Lleida.
En el ámbito comunitario, la propuesta para la nueva Política Agraria Común (PAC) ha encendido todas las alarmas y amenaza con reactivar las protestas del sector, como ya se ha visto al otro lado de los Pirineos y en Bruselas el pasado 18 de diciembre.
La idea inicial de reunificar el presupuesto de la PAC en un fondo único, junto al temor a una reducción de las ayudas, ha provocado el rechazo unánime de Gobierno, comunidades autónomas y organizaciones agrarias.
En pesca, la negociación europea se cerró con 143 días de actividad para el Mediterráneo, una cifra muy superior a la propuesta inicial.
En el plano legislativo nacional, en abril se aprobó la ley de desperdicio alimentario, tras un segundo y controvertido trámite parlamentario que incorporó, entre otras medidas, cambios en las normas de representatividad agraria, permitiendo la entrada de Unión de Uniones en el Consejo Asesor Agrario.
Los grandes incendios del verano, el adelanto progresivo de las cosechas, los episodios de pedrisco y los cambios en los patrones hídricos han seguido condicionando la rentabilidad de las explotaciones.
Según datos de Agroseguro, hasta noviembre el campo español ha reducido un 12 % las hectáreas siniestradas, aunque se prevén más de 710 millones de euros en indemnizaciones, un 5 % más que en el mismo periodo del año anterior.
La falta de mano de obra fue uno de los asuntos centrales del congreso anual de Aecoc, celebrado en octubre en Valencia, junto a la baja productividad que arrastra parte del sector.
El presidente de Aecoc, Ignacio González, defendió la necesidad de un plan ordenado de inmigración, ante un escenario marcado por numerosas jubilaciones y dificultades para cubrir vacantes.
Pese a todo, los últimos eslabones de la cadena prevén cierres positivos, tanto en volumen como en valor. Los precios continúan al alza, pero también lo hace la demanda de productos listos para consumir, impulsada por la búsqueda de comodidad por parte del consumidor.
Este trasvase de la llamada “cuota de estómago” ha afectado a la restauración, que aun así, según su patronal, cerrará 2025 con un 3 % más de facturación.
Lucía Ruíz SImón